Los latinoamericanos solemos lee, en su mayoría, y algunos
de los mismos escriben de un forma que de verdad llama la atención y que en
serio les hace merecer ese apelativo de “Escritores”,
sólo que existe un pequeño detalle; esa literatura, esa forma de escribir y de
narrar fue y existió de los años 50´s para los años 80’s o incluso algo de los
años 90’s, con escritores como Mario Benedetti, Mario Vargas Llosa, Gabriel
García Márquez, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Horacio Quiroga, Juan Rulfo,
Vicente Leñero; Luis Spota, entre muchos otros que tomaron un camino de
narrativa, obviamente cada quien adaptándola a su estilo, pero siempre
manteniendo una originalidad y procurando darle al lector ese momento de entretenimiento que se busca en un relato.
Eso es lo que se cuenta de los años en que la literatura;
la poesía y la narrativa, pero particularmente ésta última fungía como algo
maravilloso, como algo de lo que se podía obtener en serio un buen entretenimiento
e incluso, para ser alguien que tuviera temas de conversación interesantes;
para ser considerada una persona “culta”.
Han pasado los años, hemos llegado al nuevo siglo, al siglo
XXI; las letras siguen y deben de seguir porque un mundo sin letras no puede
ser o estar, pero también es indispensable que esa calidad y pulcritud de
literatura permanezca, que se quedé allí
para que las generaciones venideras, quienes tal vez leerán a Spota, a
Cortázar, a Borges, a Benedetti, a
Quiroga, o a Leñero y que se animen a escribir, no hagan lo que muchos
pseudo-escritores están haciendo en los
últimos años, simplemente hacer copias o refritos, como ya lo dijo Vicente Verdú
en un artículo que publicó en el País en el 2010:
[…] A falta de cosecha
o perspicacia para referirse a la actualidad, los narradores cosen telas
antiguas, las colorean, y las tienden como objetos reciclados […]
Y ya entrando el tema de este artículo, que tiene tintes de
ensayo, Verdú habla y critica a aquellos escritores que se aprovechan de los
gustos de las mujeres, principalmente, que se quedaron en las “novelas
históricas”, aquellas historias que tienen tramas románticas y un tanto faltas
de originalidad, puesto que no son más que el refrito del refrito del refrito
de un libro que tal vez fue escrito ´por allá en los años 80 o algo así.
Según Verdú se ha perdido la literatura sana; y no sólo en
Latinoamérica sino en varias en partes del mundo. Además de que esto se dé o se
observe en otros campos de las artes como la pintura o la música, que cabe
señalar otro fragmento de la opinión del mismo autor de este artículo del
periódico:
[…] si en la moda del vintage han encontrado las mujeres una
forma elegante de vestir un presente ajado, los novelistas han hallado en esta
retro-ficción la manera de suplir su déficit de aliento o de diseño [...] […]
Los lectores más fieles, asiduos y mansos se encuentran hoy en mujeres cuyas
edades rondan los cincuenta años y cuyo género favorito, según declaran, es la
novela histórica. No debe ser, por tanto, mera casualidad que las novelistas y
los novelistas españoles en torno a esa edad se acoplen en la misma clase de
productos que, desfalleciendo las historias y decayendo la escritura, es,
acaso, casi todo lo que hay [...]
Es decir, ¿será que ya no
hablamos de una esperanza para un “Boom
Latinoamericano” como el del siglo pasado?, ¿será que ya no podemos pensar
en ese surgimiento de mentes que siga alimentando con letras originales nuestro
mundo en decaimiento? O, hay, como dice Ortega y Gasset, una teoría de las
generaciones, un grupo selecto de jóvenes que surge cada determinado tiempo y
que muestra su talento y su habilidad para
poder “salvar” la cultura que aún existe en nuestros días; aunque el Siglo XXI
se caracterice por opacar a lo antiguo con muchísimos avances tecnológicos.
La literatura siempre va a
existir, pero, ¿la calidad?, ¿será la misma de siempre?, ¿será la que esperamos
los lectores experimentados?, eso depende de nosotros, de los mismo lectores,
de cómo educamos a las generaciones que vienen, también en que nos animemos a
escribir, a crear cosas; el mundo es tan extenso y la vida tan larga como para
dejarla ir y expresarnos en una sola línea.
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